Ana Digón
Me llamo Ana, tengo 30 años y soy traductora de profesión.
Desde pequeña se me han inculcado valores de respeto por las personas y el medio ambiente, y cuando hace 6 años llegué a Ibiza me encantó encontrarme con un lugar de tanta belleza natural y donde se respiraba libertad.
Para el 2002 ya había vivido lo suficiente la isla como para sentir en carne propia las dentelladas de los tiburones que pueblan estas aguas de libertad, e intuir los hilos que se movían a la sombra. Sin embargo, me involucré en un proyecto mediambiental dentro del cual he podido desarrollar acciones en positivo de educación y concienciación de las personas, centrándome en los últimos dos años en la educación mediambiental infantil, transmitiendo información sobre los árboles y su importancia para el ecosistema y nuestras vidas, al grito de "¡los niños y niñas son el futuro!".
Sin embargo, ¿qué futuro les estamos dejando? La respuesta se hizo patente el día en que vimos cómo se habían cortado montones de almendros en flor y se habían dejado a los lados de la carretera, donde agonizaron durante días. El mismo gobierno que me estaba pagando para mostrar a los niños y niñas que los árboles son un tesoro, nuestros amigos, quienes nada piden y todo lo dan para el bien de la vida en general, estaba a la vez impulsando un plan desarollista a todas luces insostenible, y en cuyo camino daba igual pasar por encima de los derechos de la naturaleza y de las personas, por encima de toda razón y de todo humanismo.
Susanna supo transformar estas emociones en actos, en representación visual y teatral, en denuncia directa y descarnada. Con cada aparición de las viudas se reforzaba un sentir, un clamor popular, una llamada a la cordura y al respeto a la vida.
Ha sido todo un viaje personal de emociones y de acciones. De cada nuevo golpe que recibía la causa surgía una fuerza y una determinación que encontraba eco en las otras viudas, deseando transformar el dolor en denuncia. Con los recuros más básicos pudimos cruzar el mar y llevar nuestro mensaje más allá, y ver en las miradas de algunas gentes la comprensión, la complicidad, la rebeldía ante lo establecido: lo que nos venden como progreso pero que es la crónica de una muerte anunciada.
El luto lo llevaré siempre en el corazón por lo que ha sucedido y está sucediendo aquí en esta pequeña y malherida isla. Doy gracias a Las Viudas por permitirme expresarlo y transmitirlo.
Cuando hayamos entendido todos que somos hermanos, que nuestra madre, Gaia, nos lo ha dado todo para ser felices en armonía, que no podemos seguir castigándola y esquilmándola porque serán nuestros hijos e hijas los que paguen las consecuencias... las Viudas podrán dejar de existir. Mientras no sea así, la vida está de luto por lo que podría ser y no permitimos que sea. |